viernes, 13 de julio de 2012

Igual que el poeta que decide trabajar en un banco


Leyendo a Mafalda vi una viñeta que decía: “¿Porqué complicarse la vida con los problemas del país, cuando la solución más simple es solucionarlos?”. Más razón que un santo, y opino que es igual con todo lo demás en la vida, nos empeñamos en hacer más complicadas las cosas de lo que realmente son, quizás debido a que no podemos controlar todo lo que pasa, llegando ese momento en el podemos perder aquello que ansiamos, nuestra prioridad.

El llegar ese momento en el que dejas de hacer lo que te gusta para dedicarte a algo que no tiene nada que ver, que no es que no te guste, pero no era tu prioridad. Ese poeta que decide trabajar en un banco, y no vivir de la poesía, bien porque no quiere o lo habitual, porque no puede, pero eso no quita que siga disfrutando de ella. Ese poeta que ve como no tiene que abandonar, pero si aparcar sus sueños durante un tiempo para hacer algo que le pueda llenar o ayudar.

Es como esa persona que dice que para que va a limpiar sus zapatos si total, se volverán a ensuciar. Si no hacemos algo porque sabemos cual será el final o en su defecto, gran parte de sus consecuencias, nunca haremos nada. No se puede vivir con esa sensación de no hacer algo por miedo a equivocarte y es que si intentas algo te puedes equivocar, pero si no lo intentas ya te has equivocado.

No se si es el miedo a perder o el miedo a no ganar, ya no se ni siquiera si es lo mismo, y es que cuando uno no consigue lo que se propone llega incluso a no saber que es lo que quiere. Eso huelga decirlo, es un problema.

Hay que ver como en apenas unos días puede cambiar todo, ver como las cosas van marchando más o menos de forma normal y de repente un solo hecho cambiarlo todo, la situación, las relaciones con la gente... seguimos moviéndonos por un mundo descontrolado en el que poco podemos hacer con las decisiones de los demás.
Nietzsche fue el que dijo que el 10% de nuestra vida viene marcada por la forma de ser de cada uno, el otro 90% es pura suerte, estar donde toca cuando toca. Ni más, ni menos.

Aun así seguimos viviendo de la esperanza. Aquello de lo que nos alimentamos todos los que no tenemos otra cosa a la que cogernos.

Como anécdota, el otro día estando en casa me dijeron: “¿Llevas mala cara eh? Eso te pasa por bueno. Haz sufrir a las mujeres y ya verás como te evitas problemas, e incluso así irán más a por ti.” Esa frase que podría haber salido del libro “El arte de tratar a las mujeres” de Schopenhauer, el misógino por excelencia, la dijo mi madre.
Sorprendente cuanto menos, porque yo que he seguido siempre una forma de ser me digan esto... es desmontarme por completo mi manera de actuar. Este seria un claro ejemplo de hacer lo que quieres o lo que puedes.
Me resulta irónico pensar que siéndome infiel a mi mismo pudiera conseguir las cosas que quiero, como una persona con dos caras. Eso si, una persona que actué así siempre será criticada.
Si eres tu mismo te tacharán de tonto y orgulloso, si te eres infiel serás un oportunista y un falso. Hagas lo que hagas nunca estarás bien visto por todos, al igual que la fábula del padre, el hijo y el burro de “El conde Lucanor”, donde daba igual quien montara encima del burro, siempre eran criticados y que venia a enseñarnos que hagas lo que hagas nunca todo el mundo estará contento así que lo mejor es hacer lo que uno crea conveniente.


El nervio como compañero fiel que te acompaña y te da la sensación constante de que un fallo puede ser fatal. Sinceramente por supuesto que no es algo bueno, pero tampoco es que sea algo horrible pues siempre es bueno saber estar alerta para prevenir problemas. Nos solemos quedar con que los nervios nos pueden jugar malas pasadas y hacer que no actuemos tal y como nos gustaría, y posiblemente sea lo más importante, pero se puede hacer una doble lectura aunque hagamos la que hagamos siempre sacaremos algo malo, tal y como he dicho antes.

¿Entonces que hacemos? ¿Lo que nos apetezca hacer dentro de nuestras posibilidades arrasando con todo lo que se nos ponga por delante si es necesario, o hacer lo que es correcto?
Pues no lo se la verdad.

Pero diré que en la vida hay cosas que pueden realizarse y otras que no. Las que hacemos las solemos olvidar rápidamente, y las que no, las guardamos dentro de nuestro corazón como algo muy preciado. Este es el caso de los sueños o de los anhelos. Me pregunto si la belleza de la vida no residirá en nuestros sentimientos sobre aquello que no se haya cumplido. Que no se haya realizado no quiere decir que no haya malogrado inútilmente. Porque lo cierto es que ya se ha materializado como belleza.

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